Amaury Pérez Vidal agradece Premio Nacional de Música 2025 con emotivo discurso sobre la vida, la creación y Cuba
Lunes 29 de diciembre 2025. La Habana. Cuba.. — Con un discurso cargado de reflexión y gratitud, el cantautor Amaury Pérez Vidal agradeció la mañana de este martes el Premio Nacional de Música 2025, reconocimiento que definió como “inalcanzable” y que asumió como la confirmación de una vida dedicada a sembrar para las generaciones futuras.
Durante el acto de entrega, Amaury citó un proverbio árabe —“Cuando uno planta árboles bajo cuya sombra sabe que no se sentará ha comenzado a entender el sentido de la vida”— para resumir lo que, dijo, ha sido el eje de toda su existencia artística. “Eso he hecho toda mi vida”, expresó.
El trovador recordó que su camino en la música comenzó en 1969, un trayecto que describió como “dudable y riesgoso”, sin imaginar que décadas después recibiría la más alta distinción musical del país. Confesó que la música lo acompañó desde la infancia, marcada por la influencia de su madre y su padre, quienes llenaron el hogar de sonidos que iban desde Michel Legrand hasta los grandes nombres del jazz como Duke Ellington, Dizzy Gillespie, Stan Kenton y Louis Armstrong.
Amaury evocó al niño tímido, disléxico y miope que fue, asegurando que jamás habría podido prever el alcance de su carrera artística. “La música fue mi puerto de partida y también mi atracadero”, afirmó.
Al referirse a sus inicios, destacó el papel de la Nueva Trova, movimiento que lo cobijó en sus primeros años, aunque subrayó que su identidad como trovador ha estado siempre por encima de etiquetas pasajeras. “He sido y soy un trovador más allá de cualquier circunstancia”, señaló.
Pese a la oposición inicial de sus padres al oficio de unir palabras con melodías, Amaury aseguró que perseveró “contra vientos hostiles y caprichosos”, logrando canciones que, según expresó, lo trascenderán, lo que consideró “más que un privilegio”.
Dedicó el premio a sus hijos y nietos, y de manera especial a Petí, a quien definió como “el ángel guardián” de su vida, agradeciéndole su compañía incondicional en los momentos más luminosos y en los más difíciles.
También tuvo palabras de recuerdo para colegas y amigos fallecidos, entre ellos Sara, Noel, Vicente, Santiaguito, Lázaro y Tosca, evocando su legado y su ausencia.
El artista afirmó no haber sido un hombre de ambiciones ni vanidades, asegurando que siempre se ha sentido del lado de las causas justas. Como cierre, compartió el poema XII de Dulce María Loynaz, que ha sido su mantra personal, y concluyó su intervención con una bendición para Cuba.
“Que Dios bendiga a Cuba. Muchas gracias”, expresó, en su discurso.

Discurso íntegro
Dice un proverbio árabe:
“Cuando uno planta árboles bajo cuya sombra sabe que no se sentará ha comenzado a entender el sentido de la vida” . Eso he hecho toda mi existencia.
Desde que en 1969 comenzó mi dudable y riesgoso camino por la música, no imaginaba que llegaría un momento como éste. ¿Cómo presentirlo siquiera?
Para mí este premio era un galardón inalcanzable.
Mi vida siempre estuvo acompañada por la música, desde que mi madre escuchaba en la casa familiar a Michel Legrand y mi padre el jazz de Stan Kenton, Dizzy Gillespie, Duke Ellington, y Lois Armstrong.
Qué lejos estaba de imaginar entonces que la música sería mi puerto de partida y mi atracadero.
Quién podría aventurar que aquel niño que fui, disléxico, tímido, miope, sin notables atributos físicos, y voz meliflua llegaría tan lejos.
La Nueva Trova me acunó en los inicios, aunque luego -por las razones que fueran y que por suerte he olvidado- prescindió de mí, pero yo he sido y soy un trovador más allá de cualquier etiqueta circunstancial y efímera.
Pese al empeño de mis padres para que no me dedicara al inestable oficio de unir palabras con melodías, heme aquí. Contra vientos hostiles y caprichosos luché, lo intenté y logré algunas canciones que, estoy seguro, me trascenderán, y eso es más que un privilegio.
Le regalo este premio a mis hijos, nietos, y sobre todo al ángel guardián de mis días y mis noches, a Petí. Trabajando horas extras, ella me acompañó en mis mejores y peores momentos, cuando el desaliento era compañero tenaz y devastador. A ella le dedico cada hora de mi vida.
Un recuerdo amoroso para Sara, Noel, Vicente, Santiaguito, Lázaro, Tosca, y para todos los que se nos adelantaron.
No he sido hombre de ambiciones ni vanidades, creo que estuve, y estoy, del lado de las causas justas.
Mi mantra ha sido el poema XII de Dulce María Loynaz de sus Poemas sin nombre, que reza con delicada esperanza:
“Acaso en esta primavera no florezcan los rosales, pero florecerán en la otra primavera.
Acaso en la otra primavera todavía no florezcan los rosales… Pero florecerán en la otra primavera…”
Que Dios bendiga a Cuba.
Muchas gracias.
Amaury Pérez Vidal.









