La clasificación de Bolivia al repechaje del Mundial de Futbol FIFA 2026 volvió a poner en el centro del debate a su inseparable aliada: la altura.
Una vez más, los 4,150 metros sobre el nivel del mar se convirtieron en un factor determinante para doblegar a rivales de peso.
Esta vez, la víctima fue nada menos que Brasil, que cayó 1-0 en un duelo cargado de emoción, polémica y un ambiente festivo que tiñó de verde todo el altiplano.
Han pasado 32 años desde la última vez que “La Verde” jugó un Mundial —Estados Unidos 1994—, y ahora vuelve a ilusionarse con regresar a la gran cita.
La emoción de los futbolistas quedó reflejada en las lágrimas al cantar el himno nacional y en la euforia tras el pitazo final. El país entero celebró, consciente de que todavía queda un último paso en marzo para concretar el sueño.
El cambio que lo cambió todo: jugar en El Alto
El camino de Bolivia no fue sencillo. Durante gran parte de la eliminatoria, ni siquiera La Paz parecía ser un fortín. Derrotas dolorosas ante Argentina y Ecuador pusieron en duda el poder de la localía en el Hernando Siles.
Sin embargo, con la llegada del técnico Óscar Villegas, sustituto de Gustavo Costas, llegó también una apuesta arriesgada pero efectiva: trasladar los partidos a El Alto, 500 metros más arriba.
La decisión resultó clave. Desde ese cambio, Bolivia no volvió a perder en casa y sumó 14 de los 20 puntos que le permitieron finalizar en la séptima posición. Victorias sobre Venezuela, Colombia, Chile y, finalmente, Brasil, alimentaron la ilusión de un pueblo que vive y respira fútbol.
Un penal polémico y un triunfo histórico
El gol decisivo llegó gracias a un penal convertido por Miguel Terceros, sanción que desató la furia de la delegación brasileña.
El entrenador Carlo Ancelotti y el presidente de la Confederación Brasileña, Samir Xaud, cuestionaron con dureza el arbitraje y hasta las condiciones logísticas del partido.
Sin embargo, para los bolivianos, la discusión quedó en un segundo plano: lo importante era celebrar un triunfo histórico ante la “Canarinha”, algo que no ocurría desde 2009.
Lo que viene
El repechaje en marzo será la verdadera prueba de fuego. Bolivia sabe que el trabajo no está terminado, pero el país ya volvió a creer. La clasificación se siente cerca y el sueño de volver a un Mundial, después de más de tres décadas, está más vivo que nunca.









